Colegio Notredame

Sensible fallecimiento de Enrique Arrieta Sanhueza

Enrique Arrieta Sanhueza: profesor de Biología y Ciencias Naturales. Trabajó en el Liceo de San Fernando y luego en el Colegio Notre Dame desde 1974 hasta el 2003, ocupando los cargos de vicerrector ( en las rectorías de Héctor Hernández, Padre Julio Dutilh, Germán Aburto, Padre Miguel Ortega y el primer año de Ignacio Canales; fue coordinador del ciclo de Enseñanza Media durante la rectoría del Padre Julio Dutilh, orientador, profesor jefe y profesor de Biología y Ciencias Naturales. También fue ayudante del Padre Polain en la cátedra de psicopedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Chile desde 1973 hasta el año de la muerte del Padre. Al renunciar al Notre Dame tomó el cargo de orientador en el Colegio san Marcos, cuya rectoría estaba siendo desempeñada por Pedro Flores. Tuvo una intensa vida eclesial, ligado a su Parroquia, a la Vicaría de la Educación y a Encuentros Matrimoniales. Participación generosa, destacada, en la promoción de la venida del Papa Juan Pablo II a Chile.

Estaba dotado de una inteligencia privilegiada, que sumada a su personalidad conciliadora y dialogante, le dio un liderazgo indiscutible entre los profesores, especialmente durante la crisis vivida por el colegio a la muerte del fundador. Junto a Pedro Flores asumen la conducción de la jornada realizada durante los últimos días de febrero del año 1979 en el Convento Franciscano de San Francisco de Mostazal, con la finalidad de fortalecer el sentido de equipo de los profesores jefes, estudiar más profundamente el proyecto y tomar los acuerdos necesarios para enfrentar la conducción del colegio en los años siguientes. De la misma manera se constituyó en el brazo derecho de todos los rectores, con un apoyo leal y constante, tanto en el acuerdo como en la divergencia.

Tenía una gran imaginación y un buen sentido del humor, humor muy especial que incluso al Padre lo puso en aprietos. Siempre tenía las bromas, muchas veces casi infantiles, a flor de labios. Las grandes personas nunca dejan de ser totalmente niños y tiene la sabiduría de vivir plenamente la vida. Así era Enrique.

Era un gran amigo, de gran empatía. Con él y Mirta, su esposa, vivimos momentos que hasta el día de hoy son inolvidables para nuestra familia. esta misma empatía lo llevó a ser un extraordinario educador. Cuando desde mi puesto en el colegio me ha tocado recibir a exalumnos que hace un tiempo estaban alejados del colegio, siempre surge la pregunta:
-¿Y Enrique?¿Qué es de él?

De una sencillez notable, no le gustaba figurar. Cuando nosotros lo impulsábamos a que se postulara como rector del colegio, siempre respondía "yo soy buen chileno, siempre segundito no más". Fue quien nos dio el "dato" para comprar nuestra primera casa y que luego nos llevó a ser vecinos de barrio por muchos años.

Hoy, aunque haya 11 años de separación, nos conmueve el dolor de su partida. El señor lo ha querido llamar a su Reino, de tal manera que se detuviera el sufrimiento que lo aquejó durante estos últimos años.
Enrique, amigo, en nuestra vida están marcadas a fuego los aprendizajes que obtuvimos de tí, tanto como profesores, como para la vida. ¡Descansa en paz!

Carlos Gaete Paz