Colegio Notredame

Inclusión educativa

La Declaración

Cuando declaramos nuestra determinación de transformarnos en un colegio inclusivo; es decir, un colegio que organiza su trabajo académico y formativo con niñas y niños diversos, acogiendo Necesidades Educativas Especiales (NEE), particularmente en el ámbito de la disfasia, sólo actualizamos nuestro compromiso de siempre: ser un Colegio que vive su Proyecto Educativo integrando la divers dad y aceptando las diferencias. En eso hemos creído siempre. Dicho de otro modo, declaramos lo mismo que declaró en su época el Padre Roberto Polain pero, con nuevas palabras y respondiendo a nuevos desafíos.

Desde su fundación en el año 1952, el Padre Polain, se empeñó en formar un Colegio que permitiera el desarrollo de “muchachos distintos y singulares”. En esos años, la inclusión no era una posibilidad como la entendemos hoy y por lo tanto el Notre Dame, “incluyó” siempre a algunos alumnos que no eran aceptados en los colegios tradicionales de la época, por razones conductuales; jóvenes “inquietos” que no se adaptaban a las “reglas del sistema”.

Polain estimaba que, el método activo expresado en una pedagogía basada en el Scoutismo (aprendizaje en la acción), un colegio que promoviera la participación, sobre la base de un vínculo estrecho entre profesores y alumnos, generaba garantías suficientes de éxito, especialmente para jóvenes con “espíritu de aventura”. Esto, sumado al hecho de que el Notre Dame fue diseñado siempre como un Colegio pequeño a escala humana, permitiría ofrecer un lugar propicio para descubrir y potenciar lo mejor de cada cual, independiente de sus dificultades conductuales o de sus posibilidades intelectuales. Creo por lo tanto que, reformular este compromiso, fue sólo un acto de fidelidad con nuestra vocación de siempre. Construir un Colegio en donde como lo dice su lema, todos tienen la oportunidad de “Forjar sus Armas”.

Mirando a la distancia, puedo reconocer que declarar nuestra opción inclusiva, fue un acto conectado con nuestra vocación de sentido, más que con un plan de desarrollo. Si tenemos que ser honestos, deberemos reconocer que fue una determinación “sentida”, más que “calculada”. Se nos apareció como una necesidad de coherencia, más que como una determinación estratégica.

 


El impacto

No fue fácil sostener dicho compromiso. Como Rector siento incluso que aun hoy, ésta es una determinación que tenemos que defender, pues despierta desconfianzas, temores y recelos en algunos sectores de nuestra Comunidad. Una cosa es que (como declaración de principio), aprobemos la integración entre los seres humanos, otra muy distinta es afrontar el desafío de convivir con ella desde lo cotidiano.

Cuando declaramos querer ser un colegio inclusivo, un mundo de advertencias aparecieron para señalar con énfasis que esto “era una locura”, o al menos “una falta de responsabilidad”. Que “el colegio no estaba preparado”, que “no contábamos con los recursos”, que “nuestros profesores no sabían como trabajar con niños(as) con necesidades educativas especiales”. Los más agudos incluso llegaron a decir que esta determinación obedecía a un cálculo económico para paliar la baja de nuestras matrículas y que no íbamos a poder sostener esto en el tiempo, generando falsas expectativas en los Padres y Apoderados involucrados.

Sin lugar a dudas que todos estos temores tuvieron y tienen sentido pues, expresan parte de nuestras debilidades; reflejan nuestras propias limitaciones. Sin embargo, el desafío fue y es no sólo contemplar las barreras de la inclusión sino visualizar, cómo nos ponemos a trabajar para superarlas.

En el transcurso de estos años, muchas son las oportunidades en las cuales he sido consultado por Padres respecto de si esta inclusión “puede llegar a contagiar a mi hijo”. Que “efectos negativos produce al interior de la sala de clase”. Si los “niños normales”, van a ver perjudicado su trabajo académico como consecuencia de convivir con “otro tipo de niños”. Todas preocupaciones tremendamente legítimas que arrancan, en algunos casos de la falta de información y en otros, de la aprensión propia de una época que juzgo, quiere tener “todo bajo control”; olvidando que toda auténtica aventura, siempre implica un cierto riesgo, pues no se puede asegurar el éxito. Sólo podemos asegurar nuestro compromiso.

Otra preocupación compartida por los adultos, tenía que ver con el impacto que esto podía llegar a generar en nuestros “resultados académicos”. Como colegio sabemos que todo niño o niña tiene la oportunidad de alcanzar los objetivos propuestos por el sistema escolar. En esto creemos. Habrá algunos que requieren un camino distinto, otros necesitarán nuevas asociaciones o nuevos estímulos, pero antes o después todos pueden hacerlo.

Esta diversidad de aprendizajes no siempre es fácil de medir; incluso para nosotros que estamos comprometidos con el proceso de enseñanza – aprendizaje. Menos podemos esperar que las pruebas estandarizadas (SIMCE o PSU), den cuenta de aquello. Por lo tanto aquí, existía y existe un “gran argumento” para rechazar esta determinación: Nuestro “prestigio académico” se podrá ver seriamente dañado, al momento de que nuestros alumnos(as) con NEE rindan evaluaciones externas, perjudicando nuestro ranking y por lo tanto, nuestra reputación como institución.

Efectivamente, junto con reconocer que esto puede ocurrir, nos correspondió declarar que nuestra reputación institucional, se construye no sólo sobre la base de nuestros logros académicos, sino por el esfuerzo que pongamos en una verdadera formación integral, a la cual todos están invitados, pues creemos que la vida vale la pena vivirla sin exclusiones aquí y ahora.

Como lo señala nuestro ideario pedagógico, basado en la premisa de Baden Powell (Fundador del Scoutismo), trabajamos siempre en la tarea de reconocer en cada uno de nuestros alumnos(as) lo mejor de cada cual, con el fin de formar personas integras y plenas en dignidad, independiente de sus cualidades, fortalezas o limitaciones.

Ciertamente, no seremos nunca un “colegio especial”, pues no creemos en ese modelo de trabajo; pero, si aspiramos a ser un verdadero colegio inclusivo. Estuvimos y estaremos dispuestos a asumir los costos que esa determinación conlleva, pues creemos que son infinitamente más los beneficios y los regalos que trae a la mano, respecto de las dificultades que presenta. Buscamos prestigiarnos en humanidad y esperamos ser escuchados en esa vocación, sin eludir nuestra responsabilidad docente. Creemos en un colegio que forma para la vida, asumiendo con responsabilidad su vocación educativa y no sólo focalizando su trabajo a la luz de tal o cual prueba de rendimiento académico.

Respecto del impacto que esta determinación causó entre los miembros de la comunidad, es importante explicitar que, la incertidumbre original siempre estuvo focalizada en el mundo adulto y nunca se manifestó desde los niños o desde los jóvenes de nuestro colegio. Por el contrario, ellos nos han mostrado siempre que desean vivir en una comunidad que acepta la diferencia, actuando con la apertura de quien tiene menos prestigio que defender. Son los niños y los jóvenes los que nos han enseñado (una vez más), la potencia del amor incondicional y la apertura para convivir entre personas diversas.

 

El futuro


Al mirar hacia atrás esta determinación crucial formulada a principios del año 2006, me embarga una sincera alegría, pues valoro el camino recorrido. Hoy, somos capaces de mirar con fundado optimismo lo que viene, pues estamos en mejor posición para perfeccionar el trabajo que tendremos que afrontar en el futuro.

Muchos me han señalado  en este tiempo que el “gran cambio” del nuevo Colegio Notre Dame en Peñalolén ha sido (además de la infraestructura), el habernos trasformado en un Colegio Mixto. Si bien es cierto que esta fue una determinación nueva, pienso que tarde o temprano era una determinación que llegaría. Era un cambio que no podíamos dejar de asumir. Los tiempos y nuestra vocación familiar así nos lo exigirían.

Sin embargo, pudimos haber evitado declarar el anhelo de ser un Colegio Inclusivo; nada ni nadie nos obligaba a ello. Sólo nuestra convicción y nuestro compromiso con el Proyecto de Polain.

Muchos dirán que el Notre Dame cambió de rostro con el nuevo edificio y con la llegada de las alumnas que tanto bien le han hecho al Colegio. Estando completamente de acuerdo con esto, yo creo que no es comparable con el nuevo rostro que tendrá el Notre Dame, cuando viva plenamente su vocación inclusiva. Esta es (desde mí punto de vista), la determinación más atractiva y radical que nos ha tocado asumir y de la cual saldrá, el nuevo Colegio Notre Dame, por muchos años más.

¡¡Buena Caza!!, ¡¡Bella Alegría!!

Ignacio Canales De La Jara - 2007